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    ¿Como se descubrió?

    El 23 de julio de 1983, Samuel López Iglesias, joven de 18 años, natural y vecino de Carranque, descubría el yacimiento arqueológico de Carranque, pero ¿quien mejor que él para que nos cuente como fué?. Os dejamos su relato:

    Mi historia es la historia de un descubrimiento, del descubrimiento de la Villa Romana de Carranque, también conocida como Villa de Materno.

    La villa se encuentra en la finca de Santa María de Abajo, propiedad del ayuntamiento de Carranque. Fue alquilada por mi padre durante dieciséis años. En ella cultivábamos toda clase de verduras y hortalizas. A mí, me llamaba mucho la atención la cantidad de restos de materiales de antiguas edificaciones como ladrillos, tejas, cerámicas, piedras, y algunos restos de muros o cimientos, sin contar con los restos de un muro de seis metros de altura, que se encontraban por la zona y que la gente del lugar atribuía a una antigua ermita dedicada a Santa María, pero que a la postre resultó pertenecer al Edificio Palacial Romano.

    Poco a poco, al realizar labores agrícolas, íbamos encontrando objetos que pertenecían a la cultura romana, lo que quiere decir que tenían casi 2000 años de antigüedad: varios azadones, una lanza, una pesa de plomo de casi 3 kilos de peso, una llave de enormes dimensiones y, sobre todo, mucha cerámica, donde abundaba la sigilata, la cerámica de lujo romana.

    Un día, mientras regaba, encontré un trozo muy pequeño de mosaico. Solo tenía cuatro o cinco teselas, pero era suficiente para demostrar que aquellos restos eran romanos y por supuesto, que en aquellos edificios romanos hubo mosaicos. Este hecho despertó aún más mi curiosidad, pues era posible que todavía quedase parte de aquellos mosaicos.

    Pasó el tiempo sin que nada nuevo apareciese, salvo algún trozo de sigilata y poco más, pero en la mañana del 23 de Julio de 1983, cuando yo contaba solo 18 años de edad, ocurrió el milagro. Bajo la paja del rastrojo, vi una tesela suelta y empecé a mirar bien por el suelo y vi mas teselas. Seguí rebuscando entre la paja y vi un trocito de mosaico. El corazón se me salía del pecho y al encontrar unos trozos más de mosaico, me dije: ¡ Aquí lo ha arrancado el arado! Con un palo comencé a arañar el suelo en busca del resto del mosaico y, en seguida, apareció. Estaba allí, a tan solo diez centímetros de profundidad; yo no podía ya con la emoción. Entonces fui a buscar a mis hermanos y volvimos con azadones y nos pusimos a cavar. En unos minutos teníamos ante nosotros uno de los mosaicos más importantes del mundo romano, el mosaico de Las Metamorfosis y aunque nosotros todavía no lo sabíamos, uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de España. Luego nos pusimos a hacer pequeñas catas con los azadones y allí donde cavábamos un agujero, aparecía un mosaico.

    Era relativamente fácil, ya que la profundidad de los agujeros no pasaba de 30 ó 40 centímetros debido a la poca profundidad del yacimiento. Había mosaicos por todas partes y solo estaban cubiertos por una capa de fragmentos de tejas y algo de tierra. Aquello era fantástico, increíble. ¡Lo que teníamos debajo de nuestra huerta, y tantos años encima de ello sin saberlo!

    Inmediatamente avisamos al museo de Santa Cruz de Toledo. Vinieron a verlo y nos confirmaron que era una villa romana con más de mil setecientos años de antigüedad.

    Seguidamente se procedió a declararlo como zona arqueológica y se acotó un área donde ya no se podía seguir cultivando.

    Un año después, comenzaron las excavaciones para desenterrar el descubrimiento.

    Samuel López Iglesias

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